La tragedia siria es una cuestión moral y política crucial en la actualidad. Pero no ha sido fácil para la gente de izquierdas de todo el mundo posicionarse ante ella.

Para echar luz sobre la historia y la naturaleza del conflicto sirio, Yusef Jalil ha realizado una extensa entrevista para Jacobin con Yaser Munif, un experto sirio que estudia los movimientos populares de su país. La discusión, que aborda muchos aspectos, se centra en temas centrales como el carácter del régimen de Asad, las raíces y el desarrollo de la revolución siria y los diferentes grupos de oposición que existen allí, los intereses y el intervencionismo regionales y globales y las tareas y las responsabilidades de la solidaridad en Estados Unidos.

Fuente: Disenso · Hay otra traducción al castellano aquí.

La ONU ha dicho que en Siria se está viviendo la peor crisis humanitaria de nuestro tiempo. Más de once millones de sirios, lo que representa más de la mitad de la población del país, están desplazados. Cientos de miles han huido a Europa y miles de ellos han muerto ahogados en el mar Mediterráneo por causa de las políticas europeas sobre el asilo y las fronteras. Tenemos 4,8 millones de refugiados en Turquía, Jordania, Líbano y demás países vecinos, y 6,6 millones de desplazados internos dentro de Siria. Más de la mitad de estos refugiados son niños y niñas. ¿Son estos refugiados meras víctimas de una crisis humanitaria? ¿De qué huyen y qué experiencias traen con ellos?

Obviamente, además de haber una crisis humanitaria, hay también una crisis política. No podemos comprender la cuestión de los refugiados sin relacionarla con el conflicto sirio y la revolución siria. Así, tenemos que relacionarla con la historia reciente de Siria y el proceso político que se está dando allí.

Ese es uno de los principales problemas. La gente que ha estado trabajando con los refugiados suele aislar la cuestión de los refugiados del conflicto sirio más general. La mayoría adopta un enfoque apolítico y ahistórico de los refugiados. Los ven como meros individuos que necesitan ayuda y apoyo. Pero creo que se trata de algo más. La cuestión de los refugiados es una prolongación de la revolución siria. Es un subproducto y hay que entenderlo en el contexto más amplio de la revolución siria y tiene que ser politizado.

Muchos activistas y organizadores que apoyaban a los movimientos populares de Siria terminaron huyendo a Turquía y a los países europeos vecinos debido a la magnitud de la violencia, el desplazamiento, el aislamiento político, etcétera. Son una extensión de esa revolución y muchos de ellos siguen con su activismo en Europa y son, de alguna forma, parte orgánica de la revolución. Ese es el primer problema. La idea de que se trata simplemente de una crisis humanitaria que necesita ser resuelta como tal es muy problemática.

La segunda cuestión es la forma en que los refugiados, sirios o de otros países, son percibidos como individuos con necesidades individuales. Esto es otro problema importante. Creo, por el contrario, que tenemos que pensar en esos refugiados como comunidades que tienen derechos políticos y culturas que deben ser preservadas y apreciadas. Sin embargo, suelen ser dispersados entre varios pueblos y ciudades en los países europeos. La razón por la que se está haciendo esto es que creen que dispersando a estas poblaciones, evitarán una gran concentración de musulmanes, de potenciales amenazas y terrorismo, etcétera. Este es el segundo problema, el hecho de que se piensa en ellos como individuos y no como comunidades.

En tercer lugar, inicialmente hubo mucha solidaridad con los refugiados, pero después, cuando se produjeron varios ataques terroristas en Europa y también en EEUU, la opinión pública cambió y muchos europeos y occidentales en general se volvieron muy escépticos hacia los refugiados. Muchos comenzaron a verles como potenciales terroristas. Este es otro tema que debe ser abordado.

Además, eso está alimentando la política xenófoba, nazi y de extrema derecha que, a su vez, está alentando una visión dualista entre Europa y los sirios, como si existiera un choque de civilizaciones entre esos árabes “bárbaros” y potenciales “terroristas”, etc., y por otro lado la cultura occidental y los valores cristianos. No hay término medio. Se siente como un choque de civilizaciones y no se busca una solución [integradora], sino una completa separación entre las dos poblaciones.

Tanto en Europa como aquí, en EEUU, la manera en que la cuestión de los refugiados es abordada en el terreno político se alimenta de esos discursos racistas y xenófobos. Esto también debe ser combatido, especialmente por la izquierda y los grupos y partidos progresistas. Tenemos que luchar por la integración de los refugiados. Hay que darles los mismos derechos que a los occidentales europeos y hay que tratarles como miembros de unas comunidades.

Has mencionado la necesidad de conectar el tema de los refugiados con la historia reciente. ¿Cómo caracterizarías al régimen sirio y sus políticas de forma que podamos tener una visión más ajustada de lo que está pasando?

El régimen sirio tiene una larga historia, de al menos cuatro décadas. Es un régimen totalitario, sectario y, más recientemente, neoliberal. Hafez al Asad, el padre del actual dictador, se hizo con el poder en 1970 y aisló al sector radical del partido Baas de entonces, que estaba liderado por Salah Yadid. A partir de ese momento, comenzó su proceso de desradicalización del partido Baas.

Inicialmente, el partido Baas tenía el apoyo de parte de la clase media y de los campesinos, así como de sectores marginados, y contaba con la oposición de los terratenientes, pero esa configuración inicial comenzó a desaparecer muy pronto. Hafez al Asad empezó a promover una política más conservadora. Todo el nacionalismo y el anticolonialismo de los años 60 y 70 comenzó a formar parte del pasado y Asad fue introduciendo una progresiva desregulación de la economía.

Al principio, la economía estaba más centralizada y algunas personas pensaron que se trataba de alguna forma de socialismo, con un amplio sector público, etcétera. Todos estos elementos fueron desmantelados por el padre y luego por el hijo, Bashar al Asad, y a mediados de los 90 se produjo un movimiento más favorable al capital privado, el desmantelamiento de algunos sectores públicos, el fin de los subsidios y la creciente privatización de las universidades, etc. Se produjo un giro neoliberal en Siria.

Junto a eso, tenemos un estado policial totalitario que controla todo tipo de acción o actividad política. La política está prohibida. Los sindicatos sufrieron una gran represión y fueron desmantelados en los años 80, cuando hubo varias huelgas generales. Sus líderes fueron encarcelados y muchos huyeron del país. El régimen de Asad puso al frente de los sindicatos a miembros del partido Baas. No hubo espacios políticos en Siria durante al menos varias décadas.

Se trata, también, de un régimen sectario. Utiliza dos discursos diferentes. En público, se presenta como laico, no religioso, incluyente, etc. Pero al mismo tiempo, también despliega un discurso muy sectario. Esto es muy importante porque a menudo es mal entendido. Algunas personas creen que el régimen de Asad es realmente socialista y antimperialista. Pero si miramos la larga historia de Siria, vemos que no es así.

¿Es realmente laico el estado sirio? ¿Cómo es el laicismo con Asad?

Creo que el régimen sirio fue muy inteligente al proyectar la imagen de que es moderno y laico y contrario al sectarismo religioso, que es incluyente. Como sabemos, hay diferentes confesiones y religiones en Siria. Se cree que todas convivían y compartían el mismo espacio político, pero eso no es cierto.

Asad construyó un equilibrio muy sutil entre suníes y alauíes, el partido y el ejército, para mantenerse en el poder. Evidentemente, no podía depender solo del apoyo de los alauíes; necesitaba el apoyo de los suníes. Lo logró dando algunos puestos a determinados generales y comerciantes, etcétera. Pero cada vez que había confrontaciones y en cada purga, los alauíes mejoraban sus posiciones, tanto en el ejército como en los servicios de seguridad y el partido. El régimen de Asad jugó con esas contradicciones promoviendo el enfrentamiento entre los suníes de las ciudades y del campo, así como entre los suníes de las diferentes regiones del país, jugó con esos conflictos y diferencias para consolidar su poder.

Cuando se produjo una confrontación con los Hermanos Musulmanes a comienzos de los 80, el régimen sirio aplastó la rebelión y mató entre 20.000 y 40.000 personas en Hama, según diferentes estimaciones. Para minar el poder de los Hermanos Musulmanes, permitió que algunos jeques saudíes abrieran escuelas religiosas y propagaran su ideología wahabí entre la población en la década de los 80. Hizo eso con la aprobación de Arabia Saudí, que decidió no apoyar a los Hermanos Musulmanes. Jugaba con esas contradicciones y lanzaba mensajes sectarios entre determinados sectores de la población, al tiempo que se presentaba como un régimen laico y moderno. Creo que esto es importante.

Por cierto, ese tipo de doble discurso sigue vigente hoy. Eso confunde a muchas personas que creen o ven solo el aspecto religioso o el aspecto laico, dependiendo de su afiliación política y lo que quieren ver, pero ambos discursos están siendo utilizados por el régimen sirio. Está utilizando el sectarismo religioso no como un aparato ideológico —tal como hace ISIS, que fundamenta su estado en la religión—, sino como una herramienta pragmática para enfrentar a una parte de la población con otra y mantenerse en el poder.

Los partidarios de Asad afirman que hay un alto grado de unidad entre todos los sectores de la sociedad siria tras la figura de su presidente, y algunos dicen que esa unidad en torno a su presidente “democráticamente elegido” se da también en contra de la invasión extranjera. ¿Cuál es la base de apoyo de Asad? ¿Cómo se produce eso?

Asad tiene cierto apoyo. Sería estúpido negarlo. Pero el régimen ha estado utilizando una combinación de hegemonía y fuerza para consolidar su poder, de forma que una parte de la población teme al régimen. Pero no están dispuestos a protestar o unirse a la rebelión por temor a las posibles consecuencias. Como he dicho antes, el régimen de Asad ha utilizado varias estrategias diferentes para enfrentar a la población urbana con la rural, a la clase media con los pobres que viven en asentamientos informales, etcétera.

Jugando con estas contradicciones, enfrentando a diferentes sectores de la población entre sí y utilizando el sectarismo religioso, por ejemplo, para enemistar a cristianos y judíos con otros creyentes, el régimen ha podido pacificar a parte de la población y enviar un doble mensaje. Parte de la población teme al régimen y, por lo tanto, no está dispuesta a unirse a las protestas y a apoyar a la revolución. Se dice que apoya al régimen porque es una mayoría silenciosa. No lo apoyan, pero no pueden oponerse por miedo a la represión.

Otra parte de la población, y también algunas minorías, cree que el régimen sirio les protege y que es el menor de los males para ellos, porque las otras opciones son mucho peores. Por consiguiente, permanecen en silencio y no se oponen al régimen. Creo que hay también un amplio sector social entre las minorías con esta actitud. Esto funciona bien en Occidente. Cada vez que se protege a los “cristianos” o a alguna minoría, es considerado como algo bueno, ya que los suníes son percibidos como una amenaza. Esto forma parte del imaginario orientalista: los suníes son la mayoría y, por tanto, son por definición una amenaza para las minorías.

Y también hay algunas partes de la población que se benefician de lo que está sucediendo o, al menos, no están siendo afectadas por lo que está pasando. Hay barrios ricos que están completamente al margen del conflicto y de la violencia. No lo padecen. El régimen sirio fue también muy inteligente al evitar toda confrontación con estos sectores. Normalmente, ha sido muy ambivalente y no ha querido utilizar la fuerza en esos barrios, con el fin de evitar toda confrontación y enajenarse a sus residentes.

Diría que se trata de una combinación de hegemonía y fuerza, por un lado, pero que hay también un pequeño sector de la población… Muchos alauíes creen que si Asad es derrocado, podrían ser desplazados o sufrir el dominio de la mayoría suní. No hay razones para pensar que eso vaya a suceder. Creo que el régimen está jugando con esas contradicciones y esas diferencias para mantenerse en el poder.

Entonces, ¿cuáles fueron las causas subyacentes de la revolución contra el régimen?

Hay varias razones, obviamente, pero la más importante es más de 40 años de dictadura. Creo que es una combinación de razones internas relacionadas con el régimen, una dictadura que ha llegado a su límite, y también algunas razones originales y globales.

Las razones domésticas o internas han sido ampliamente documentadas. El partido Baas tenía una ideología nacionalista y se oponía al imperialismo en los años 60 y 70, pero después se convirtió rápidamente en un partido mucho más moderado, trató de desradicalizarse y abandonó muchos de los objetivos progresistas que adoptó entre 1963 y 1970.

El principal símbolo de la nueva era es Rami Majluf, primo de Bashar al Asad, que es realmente un símbolo de corrupción y de la nueva ola de neoliberalismo en Siria. Algunas personas han dicho que las sequías de 2007 y 2010 han contribuido a enfrentar a parte de la población y a marginar a parte del campesinado, empujándoles a los suburbios de las grandes ciudades, donde han formado cinturones de miseria. Esa es una razón, pero no creo que sea importante.

Además de esas razones internas, es importante conectar la revuelta siria con el contexto más amplio de las revueltas árabes. No podemos comprender el levantamiento sirio sin relacionarlo con el levantamiento árabe más general. Creo que estamos ante el final de un orden totalitario en la región. Este orden totalitario ha alcanzado sus límites y no puede sobrevivir durante mucho tiempo más. Se ha vuelto obsoleto y se enfrenta a grandes desafíos. En muchos sentidos, es el fin de ese orden totalitario, similar a la forma en que el bloque u orden socialista se derrumbó en los años 90. Estamos ante el desmantelamiento estructural de ese orden.

Eso no significa necesariamente que vayamos a tener democracias en la región. Podríamos tener una nueva versión de ese orden totalitario, más militarizado, pero lo que hemos tenido durante 30 o 40 años, dependiendo del país, después de la descolonización, ya no puede sobrevivir. Estamos básicamente en una coyuntura nueva, comenzando una nueva era en la región. Siria está relacionada con eso de forma orgánica. No podemos separarla de ese proceso y, por ello mismo, debemos entenderla dentro de ese contexto más amplio.

Por último, está el contexto de la crisis económica global. Esta ha generado varias protestas por todo el mundo y las protestas árabes son parte de ellas. No hay que creer que existe un vínculo directo o determinista entre la economía y lo político, pero sin duda existe una relación entre los dos. Las políticas neoliberales en la región y en Siria han tenido importantes repercusiones. Desde luego, la crisis económica y, antes, la crisis alimentaria han tenido importantes repercusiones en el mundo árabe en general y también en Siria. Es una combinación de todos estos factores diferentes lo que ha provocado básicamente la revolución.

¿Cómo debemos entender el conflicto actual en Siria? ¿Es una revolución? Algunos dicen que es una guerra civil. Otros dicen que es una guerra entre representantes de potencias internacionales. ¿Cómo debemos entenderlo y por qué esa revolución apunta muy específicamente contra el presidente Bashar al Asad?

Habría que empezar diciendo que hay dos dimensiones diferentes en la crisis siria. La primera es un conflicto extremadamente complejo con múltiples ramificaciones, y la segunda es una situación sencilla. Tenemos que abordar estas dos dimensiones a la vez.

La sencillez de la situación siria radica en que hubo una revuelta popular a escala nacional que se opuso al régimen totalitario, como he dicho anteriormente. Eso es cierto en toda la región árabe. Esa es la clave para comprender lo que está sucediendo en Siria. Es el punto de entrada para comprender lo que está sucediendo en Siria. Luego tenemos mucha complejidad y confusión, pero no creo que podamos entender el conflicto sirio sin comprender que el origen de la rebelión es la oposición al presidente y al régimen sirios.

Evidentemente, el régimen sirio, al igual que todos los regímenes árabes, sabía que no podía oponerse a un levantamiento popular pacífico durante mucho tiempo. Tenía que ensuciar las aguas y crear algún tipo de confusión. Y así lo hizo de forma deliberada y muy rápidamente. Reprimió las protestas pacíficas con la fuerza. Si el régimen sirio se hubiera opuesto a la rebelión solo en el terreno de las protestas pacíficas, las reformas y las demandas, habría perdido la batalla hace mucho tiempo, así que desplegó varias estrategias diferentes para crear esa confusión.

Una de ellas fue la militarización. Creó una violencia geográfica. Hizo eso matando a manifestantes pacíficos durante meses y meses. Varios miles de manifestantes fueron asesinados antes de que se produjera la militarización del levantamiento sirio. Esto es importante. La gente no eligió oponerse al régimen con armas.

En realidad, la mayoría de los que apoyaban la revolución se convenció de que si se militarizaba el levantamiento, perderían. Yo mismo era uno de esos. Muchos de nosotros cambiamos de idea al darnos cuenta de que la militarización no era algo opcional; era la única forma en que la gente podía defenderse contra la violencia del régimen, que no estaba dispuesto a retroceder y acordar ningún tipo de reforma.

La segunda herramienta que utilizó el régimen fue la islamización del levantamiento mediante la detención y encarcelamiento de los sectores laicos de la revuelta, que fueron torturados y asesinados muchos de ellos. Estos eran percibidos como la principal amenaza para el régimen. Por otra parte, como se ha dicho tantas veces, Asad liberó a muchos islamistas de sus prisiones en 2011 y 2012. Muchos de estos se convirtieron en importantes líderes de los principales grupos yihadistas, incluyendo a Ahrar al Sham, Yaish al Islam y Al Qaeda. Está claro que el régimen se sentía más cómodo aplastando a una oposición yihadista e islamista que a una oposición laica, popular y nacional.

El tercer elemento que utilizó fue la sectarización, atacando básicamente pueblos sunitas y chiítas y asegurándose de que no se producía ninguna unión o alianza entre ellos, como de hecho sucedió al principio. Esa unión era, evidentemente, un serio peligro para el régimen, así que hizo todo lo que pudo para dividir a suníes, chiíes y cristianos y para conjurar toda posible alianza.

Los alauíes que apoyaron la revuelta también fueron atacados. Fueron reprimidos con mucha violencia, en ocasiones fueron asesinados y encarcelados. Algunos siguen en prisión porque apoyaron el levantamiento. Eran vistos como una importante amenaza para el régimen, porque este no quería ningún tipo de oposición en el sector alauita.

Por último, impulsó la internacionalización del conflicto al invitar a Irán y Rusia, y a otros, a intervenir en el conflicto y, de esta forma, incitó a otros gobiernos, como el de Arabia Saudí y el de Turquía, a participar más activamente apoyando a diferentes grupos de la oposición. Así que tenemos una combinación de dos elementos: por un lado, reprimir y suprimir las protestas populares; por otro, desplegar una serie de estrategias dirigidas a debilitar la revuelta.

Esta es una guerra de diferentes narrativas, como ha sugerido Gilbert Achcar. El discurso es un campo de batalla más y tenemos que percibirlo como tal. No es una mera representación de lo que está sucediendo; es un campo de batalla. Por eso es importante promover la narrativa revolucionaria de base, que ha sido completamente aislada, silenciada y marginada, siendo para muchos inconcebible. Y esta es la razón por la que deberíamos enfatizar esa lucha y asegurarnos de que la gente conozca esa narrativa.

Algunos de la izquierda han dicho que debemos dejar de demonizar a Bashar al Asad. Así que vuelvo a mi pregunta anterior. ¿Por qué se centra la revolución siria en el derrocamiento de Bashar al Asad?

El régimen sirio está construido básicamente en torno a Asad y gira alrededor del culto a la personalidad. La dictadura en Egipto es un caso muy diferente. Allí es institucional. Como hemos visto, después de Naser vino Sadat y luego Mubarak, etc. Es una dictadura institucionalizada que no depende necesariamente de una familia o un individuo o una confesión religiosa, a diferencia de lo que ocurre en Siria, donde todo el sistema está construido en torno a una confesión religiosa, una familia y un individuo.

Así pues, Asad se ha convertido en un importante símbolo de aquello a lo que se oponen los manifestantes. Me sorprende que parte de la izquierda no quiera entender la anatomía del régimen sirio, cómo se ha construido en torno a la figura de Asad y cómo los eslóganes, la ideología y las pintadas de las calles giran en torno a él.

Si Bashar al Asad es derrocado, no creo que el régimen sobreviva mucho tiempo, porque está construido de forma que es prácticamente imposible separar la cabeza del resto del cuerpo. A diferencia de otros países, como he dicho, por ejemplo de Egipto, donde hay instituciones que permiten el reemplazo del dictador, que es lo que sucedido con Mubarak y Sisi, manteniéndose toda la estructura dictatorial, no creo que eso sea posible en Siria. Veo muy difícil sustituir a Asad y mantener la dictadura en Siria. Esa es la razón por la que la comunidad internacional y aquellos que están sosteniendo a Asad no han podido encontrar una alternativa al dictador.

Has visitado las zonas liberadas de Siria y has sido testigo de la autoorganización de los sirios. ¿Puedes decirnos más cosas sobre cómo se organizó la gente durante las protestas iniciales y también cómo se ha organizado después de que el régimen se viera forzado a retirar sus fuerzas represivas de grandes áreas del país?

Sí. He pasado varios meses en Siria, sobre todo en Manbich, en 2013 y 2014. Estuve allí en un momento importante para Manbich. Fueron los meses posteriores a la liberación de la ciudad. Manbich fue liberada pacíficamente, sin luchas internas dentro de la ciudad, pero las manifestaciones fueron muy muy grandes y la policía y demás fuerzas de seguridad se sintieron amenazadas y huyeron de la ciudad. Con ellos, huyeron también muchos funcionarios públicos. La ciudad se quedó sin recursos y sin profesionales expertos.

Manbich es una ciudad bastante grande para los estándares sirios. Tiene alrededor de 200.000 habitantes y otros 200.000 desplazados internos adicionales. Así que tiene una población de casi medio millón de personas. Los revolucionarios trataron básicamente de crear instituciones políticas y económicas para que la ciudad fuera habitable. Fue, por un lado, una forma de política descolonizadora, que descolonizaba los espacios que anteriormente fueron ocupados por el régimen, y también descolonizó la cultura, las instituciones y las mentes.

Eso fue lo que percibí y de lo que fui testigo en Siria. Los revolucionarios se deshacían de la vieja cultura y promovían una nueva política descolonizadora, repensando la política, el activismo y la organización de diferentes formas. La gente creaba espacios democráticos hasta cierto punto. No quiero dar a entender que fueran espacios ideales. Había, obviamente, problemas, pero en muchos sentidos lo que la gente pudo lograr fue increíble, a pesar de la falta de recursos.

Fue capaz de crear consejos y tribunales revolucionarios. Crearon uno de los primeros sindicatos del país, un sindicato libre e independiente. Creo que tuvo unos mil afiliados. Reconstruyeron la ciudad desde abajo, porque muchos de ellos no tenían experiencia. Muchos funcionarios públicos habían dejado la ciudad porque se sintieron amenazados. Algunos permanecieron, pero se perdió mucha experiencia necesaria para hacer funcionar la compañía de aguas, los silos y demás. Crearon y reconstruyeron todos estos espacios.

Y todo eso ocurrió en un contexto de extrema violencia masiva. El régimen sirio bombardeaba esas áreas frecuentemente para impedir la emergencia de alternativas, porque creía que la emergencia de una Siria alternativa, una Siria democrática, sin Asad, enviaría mensajes equivocados a quienes todavía lo apoyaban. El régimen sirio se siente más amenazado por esas alternativas democráticas que por las dimensiones militares de la revolución siria. Esas experiencias y experimentos en las áreas liberadas estaban permitiendo que la revolución siria fuera posible. Eran la columna vertebral de la revolución siria.

Eran laboratorios en los que la gente estaba experimentando con todo tipo de cosas, creando nuevos medios de comunicación, una nueva cultura, nuevos discursos, experimentando con nuevas formas de organizarse, etc. Algunos estaban investigando, organizando… y buscaban literatura sobre Europa y otros lugares. Eso no es muy útil en el contexto de Siria, así que había que reinventar muchas de esas estrategias y tácticas para que pudieran ser desplegadas en el país, en el contexto de la guerra, de la inseguridad, de las torturas, del intercambio de información y corriendo riesgos al hacer esas cosas, al transportar medicamentos y mercancías de contrabando a las zonas sitiadas. Los médicos corrían muchos riesgos, algunos cruzaban diez, quince puestos de control para llevar equipos y medicinas a esas zonas sitiadas. Evidentemente, si te paran con esos equipos o medicinas, es muy probable que te torturen y te maten.

La gente sigue asumiendo esos riesgos y apoyando la revolución, pero muchas veces esas voces son inaudibles. No son visibles para el público occidental porque, además de hablar en árabe, utilizan un lenguaje organizativo que es incomprensible para un público que está formado por la política y los espacios occidentales. Creo que esto forma parte, también, de la confusión reinante. La gente no sabe discernir y percibir, por motivos culturales y por incomprensiones, esos increíbles proyectos de base que están floreciendo en Siria.

La gente en Siria tiene que traducir esas experiencias para el público extranjero, para el público occidental e internacional. Pero también la gente de Occidente tiene que formarse y tratar de ir más allá de la narrativa simplista y orientalista sobre los musulmanes. Muchos de estos esquemas no funcionan en Siria o no tienen el mismo significado.

La mayoría de los sirios son musulmanes practicantes y pedir que la gente sea laica según los estándares occidentales no es realista y no es lo que está pasando en Siria. Si la gente no está dispuesta a trascender esos esquemas orientalistas y a hacer un esfuerzo para comprender estos procesos, no podrá entender la magnitud y la importancia de la revolución siria.

¿Sobreviven en Manbich o en otras partes de Siria esas estructuras de autoorganización?

Manbich fue tomada por ISIS poco después de mi partida en 2014, a principios de 2014, pero incluso durante esa ocupación, la gente siguió organizándose y protestando. A ISIS le asustó esa autoorganización y la gente llegó a organizar una importante huelga general.

Ahora la ciudad ha sido liberada de ISIS y está bajo el control del Partido de Unión Democrática (PYD), pero incluso en las zonas controladas por ISIS o por el régimen, la gente se sigue organizando. Hacen todo tipo de cosas. Parte de esa organización es clandestina. La gente tiene hospitales clandestinos, escuelas clandestinas, incluso zonas de recreo clandestinas. Organizan actividades para los niños, como pintura y otras. Lógicamente, nadie envía a sus hijos a jugar a un parque, así que crean esos espacios de forma clandestina. Las actividades diarias se desarrollan totalmente en clandestinidad. Todo eso se está haciendo.

Siguen existiendo consejos revolucionarios y consejos locales. Hay más de trescientos. Los hay de todas clases y tendencias. Algunos son muy laicos, otros están muy cerca de algunos de los grupos yihadistas, otros son independientes, etcétera. Algunos tienen mucho más dinero, otros son muy pobres, pero siguen ahí. Esos consejos revolucionarios comenzaron a crearse a principios de 2012.

Las ideas iniciales debían mucho al pensamiento de Omar Aziz, un importante intelectual sirio que fue torturado y murió en prisión en 2013. Él ha sido uno de los inspiradores de la organización a nivel local. A algunas personas les gusta hablar de repúblicas en los pueblos porque, en muchos aspectos, tienes que organizarte de forma que puedas funcionar a nivel local y proporcionar a la población servicios a nivel local para hacer frente al hecho de que están sitiados o es demasiado difícil transportar mercancías de una zona a otra.

Este ha sido uno de los retos de la organización a este nivel micro. La micropolítica, o la forma en que funciona la micropolítica, se enfrenta a menudo con estos problemas: ¿cómo funcionar a mayor escala cuando hay diferentes grupos controlando diferentes áreas? Evidentemente, ha habido conflictos en el pasado, pero la gente ha ido aprendiendo paulatinamente a coordinarse y colaborar juntos. Este es un gran reto.

Cuando tienes el poder centralizado del estado, es muy fácil organizar diferentes regiones. Si no tienes ese poder centralizado, eso es bueno en cierto sentido, pero también tiene sus consecuencias. Una de ellas es que careces de intercambios o cooperación entre las diferentes regiones, pero la gente sigue siendo muy activa. El número de radios que se han creado, los diversos periódicos y revistas que funcionan e informan de la situación en Siria, los teatros callejeros, lo que está pasando también en los campamentos sirios de refugiados, que es una extensión de la revuelta siria…

No creo que debamos percibir la revolución siria como algo que está sucediendo solo dentro de Siria como estado-nación. Creo que es más productivo observar también lo que está pasando en los campamentos de refugiados y en las diferentes comunidades de la diáspora siria que están dispersas por todas partes. Estos son también espacios en los que la gente está creando formas diferentes de apoyar la revolución siria, recaudando dinero, creando conciencia, informando, presionando a los diferentes gobiernos, etcétera.

Algunos afirman que tanto la oposición como la gente de las zonas liberadas no controladas por el régimen son terroristas y yihadistas. ¿Qué tienes que decir al respecto?

Creo que es una afirmación muy imprecisa. Los yihadistas tienen un megáfono y se hacen oír. Tienen diferentes redes sociales con gran cantidad de seguidores, así que su voz es escuchada. Pero la situación sobre el terreno es muy diferente. Hay un amplio abanico de fuerzas diferentes sobre el terreno que van desde las más laicas y progresistas a las yihadistas.

Al mismo tiempo, creo que hay que hacer una importante distinción. Hay varios gruposo diferentes. Están los yihadistas globales, que incluyen a ISIS y Al Qaeda. Estos yihadistas globales no están necesariamente interesados en derrocar al régimen sirio como tal, sino que buscan establecer su propio estado, el califato. Sus objetivos van más allá de Siria.

Tenemos también a los yihadistas nacionales. Dentro de estos hay varios grupos. Algunos son más islamistas o más yihadistas que otros. Muchos de estos, incluyendo a los más radicales, como Yaish al Islam y Ahrar al Sham, han dejado claro en varias declaraciones que apoyan una transición democrática nacional y que el pueblo podrá elegir sus propios representantes. Su objetivo es derrocar al régimen sirio. Después de eso, están dispuestos a entrar en el juego político. Esto es muy diferente de los grupos yihadistas globales que tienen conexiones y objetivos que trascienden a Siria.

Luego hay muchos grupos del Ejército Libre Sirio (ELS). El ELS es un paraguas que cobija a muchos grupos heterogéneos con diferentes ideologías. Muchos de ellos defienden una postura política mucho más laica y moderada.

Muchos sirios apoyan realmente al ELS, por lo que este se ha convertido en muchos casos casi en un eslogan que la gente utiliza contra los yihadistas. En algunas regiones puedes ver a gente protestando contra Al Nusra y que corea eslóganes sobre el ELS, aunque este no exista en esa región. Es un sentimiento popular en muchas regiones.

Hay una tremenda oposición a ISIS. La gente ha estado combatiendo a ISIS desde el primer momento, desde su aparición en 2012 y 2013. Y se ha opuesto de diversas formas. Hay una cultura religiosa en Siria y la gente es más o menos religiosa. Los partidos izquierdistas han sido completamente diezmados y destruidos por el régimen de Asad y por los dictadores árabes en general.

Los espacios políticos han sido destruidos. En muchos casos, la mezquita y el islam político han sido el único espacio en el que la gente podía expresar su descontento o sus ideas sociales o políticas. Esa es la razón por la que muchas personas están expresando su revuelta y oposición al régimen sirio utilizando ideas musulmanas o islámicas. Eso no significa que tengan unas ideas sectarias ni que quieran exterminar al otro. En muchos casos, defienden ideas incluyentes que no se oponen a ninguna minoría. Pero la gente es más o menos religiosa. Han demostrado en muchos casos que van a oponerse a la violencia y al dominio autoritario de los grupos yihadistas, se trate de Al Qaeda, Ahrar al Sham, Yaish al Islam o ISIS.

Si no somos capaces de superar el discurso orientalista que percibe todo lenguaje islámico como yihadista, no podremos comprender realmente la situación siria. La gente expresa y difunde sus ideas políticas utilizando el islam, porque es su lenguaje y su cultura. Eso no significa que tengan una ideología sectaria o totalitaria. Tenemos que superar el discurso orientalista para comprender la naturaleza de la oposición en Siria.

Has hablado antes de los consejos civiles y también de los grupos armados. ¿Cuál es la relación entre los dos? Hubo llamamientos de Daraya para coordinar el trabajo de los grupos civiles y los grupos armados del movimiento. ¿Se ha hecho algo en ese sentido?

Depende de las zonas. Algunos grupos tuvieron más éxito que otros. También ha dependido de que ISIS o Al Qaeda fueran hegemónicos o controlaran según qué áreas. En muchos casos, si hay un grupo armado poderoso, esos consejos pierden su independencia y se convierten en apéndices del grupo armado.

Si solo hay pequeños grupos armados en la región, la relación entre estos y los consejos civiles es mucho más simbiótica. Se complementan mutuamente y, muchas veces, el consejo civil pide al grupo armado que se mantenga fuera de la ciudad y que actúe en el frente, evitando todo tipo de actividad dentro del núcleo urbano.

Tendríamos que examinar casos concretos para evaluar realmente la situación. En algunas áreas, los grupos armados han protegido a los consejos civiles y dependían, en cierto modo, del consejo. En otros lugares, han sido hegemónicos y coactivos, y han sometido al consejo civil.

Como he dicho, hay más de 300 consejos civiles o revolucionarios. En muchos casos, existe una relación de colaboración muy sana; en otros casos, ha sido un fracaso y el consejo civil o local se ha convertido en un apéndice o carece de toda autonomía.

Los kurdos parecen tener la plataforma más progresista entre la plétora de actores sociales en el terreno. ¿Cómo ves sus logros en Rojava y cuál es su relación con la revolución, el régimen, Turquía, EEUU y entre ellos?

El experimento de Rojava tiene algunos aspectos progresistas y está desarrollando una forma de política horizontal en la región kurda del norte de Siria, poniendo en marcha redes basadas en políticas locales. Las mujeres están jugando un importante papel en esas áreas. Están experimentando con la autonomía y la autodeterminación, así como con nuevas ideas, y creo que tienen algunos aspectos positivos.

Pero lo más importante es que el PYD es hegemónico en la región y ha aplastado toda forma de oposición. En 2011 y 2012, se opuso al movimiento popular kurdo que apoyaba la revolución. Hay informaciones de que el PYD estuvo implicado en el asesinato de Mashal Tamo, uno de los líderes intelectuales más importantes de la región y más allá. También han marginado a todos los partidos kurdos que no están de acuerdo con ellos. Más recientemente, incendiaron la sede de un partido político y expulsaron a muchos políticos de Hasakeh, Qamishlo y otros lugares.

Este es el principal problema. El PYD es realmente hegemónico en la región y no permite ninguna forma de oposición o negociación, y monopoliza la toma de decisiones. Es importante diferenciar y evitar cualquier tipo de confusión entre el PYD como partido político y la población kurda, que tiene demandas legítimas y ha estado luchando por su autonomía y autodeterminación durante mucho tiempo y ha combatido el chovinismo árabe. Todas estas demandas son obviamente legítimas y los árabes sirios y demás deben apoyarlas.

El principal problema es el PYD y el tipo de alianzas que ha forjado con los rusos y el régimen sirio. No siempre de forma explícita. A menudo, se trata de alianzas implícitas con Asad y de evitar toda confrontación con el régimen. El principal acuerdo consiste en que esas zonas son mantenidas al margen del conflicto: el régimen no las bombardea, no hay violencia del estado y los kurdos no se oponen directamente a Asad.

Es por eso que el PYD se ha opuesto al levantamiento sirio y le ha estado denigrando, retratándolo a veces en términos muy negativos. A menudo hablan de la revuelta en términos chovinistas y orientalistas, sobre todo cuando están en Occidente. Tienden a representar a la revolución como violenta, dirigida por yihadistas, donde se oprime a las mujeres, que no desempeñan ningún papel en la revuelta, etcétera. Básicamente, emplean los clichés orientalistas al uso contra la revolución siria y tratan de evitar toda confrontación con el régimen.

Asad está dispuesto a darles cierto espacio o alguna autonomía si mantienen esa posición. Este es el problema principal con la cuestión kurda, pero hay legítimas demandas que debemos apoyar y oponernos a la guerra turca contra los civiles en el Kurdistán turco y sirio.

¿Cómo se ha producido la génesis de ISIS y quién es responsable de su emergencia y crecimiento? El gobierno sirio, Rusia, Irán, Hizbolá y la coalición dirigida por EEUU están luchando contra ISIS. ¿Cómo ha conseguido sobrevivir?

ISIS tiene varias genealogías diferentes. Debemos remontarnos a la confrontación entre la URSS y EEUU en Afganistán y en la emergencia de muyahidines entre los árabes afganos, como se les llamó entonces, y también en los países del Golfo y otra regiones.

En aquel momento, fueron apoyados por EEUU y no hay discusión sobre ello. Hay mucha documentación que prueba que EEUU y Arabia Saudí financiaron y apoyaron la lucha de los muyahidines. Se autodenominaban “combatientes por la libertad”. Consiguieron debilitar la presencia rusa en Afganistán. Desde luego, fueron cruciales en la guerra contra la URSS y, de alguna forma, en la caída del régimen soviético.

Ese es el primer origen de ISIS, que es el precedente de Al Qaeda. La otra dimensión la forman las dictaduras árabes en la región. Estos regímenes han suprimido todo tipo de oposición política, han impedido el surgimiento de partidos políticos y han exiliado a todos los opositores o los han encarcelado, torturado y, en ocasiones, asesinado. Los únicos espacios en los que la gente podía tener algún tipo de debate político eran las mezquitas y otros similares.

El régimen sirio y otros gobiernos árabes han abierto algunos espacios a los salafistas y a los sufíes, siempre y cuando no intervengan en política. Se les ha permitido tener sus propias escuelas y clínicas, etc. Así han conseguido extender su influencia en Siria, consiguiendo ser hegemónicos. El régimen sirio ha utilizado a los salafistas para debilitar la influencia de los Hermanos Musulmanes. Esa dimensión de las dictaduras árabes es también fundacional para comprender el surgimiento de ISIS, que está compuesto por diferentes grupos salafistas de la región árabe.

También está la cuestión de la ideología wahabí de los saudíes. Los saudíes han estado exportando la ideología wahabí a toda la región y más allá, gracias a su riqueza y su petróleo. Así mismo, han podido debilitar a la izquierda árabe, que es percibida como una importante amenaza para los intereses saudíes y norteamericanos, consiguiendo de esa forma que Occidente no se oponga al proyecto saudí. Los saudíes han conseguido así una gran influencia. Se opusieron a Abdel Naser, al nacionalismo árabe y a los partidos progresistas, así como al comunismo, financiando escuelas, universidades y académicos que promovían la ideología wahabí.

Así que, en mi opinión, es la combinación de todos estos factores, además de la marginación y la pobreza de importantes sectores de las poblaciones de Siria e Irak. Por último, tenemos la guerra de Irak y la invasión de EEUU, que es la causa más directa de la emergencia de Al Qaeda en Irak y, después, de ISIS. Tenemos que situar a ISIS en este contexto y entenderlo como el resultado de múltiples genealogías.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta, sí, Rusia, Irán, Hizbolá, EEUU y demás están combatiendo a ISIS, pero en muchos sentidos también lo están evitando. Rusia, Irán, Hizbolá y el régimen sirio han evitado enfrentarse directamente a ISIS, al menos hasta 2015. Desde el punto de vista de Asad, ISIS era muy útil para socavar la revolución siria, frenar el auge del levantamiento y convertir a la revolución en una guerra yihadista entre un régimen laico y ese grupo terrorista fundamentalista. Occidente tuvo que elegir el mal menor, a saber, el régimen sirio.

De alguna manera, Rusia e Irán han estado utilizando el mismo tipo de estrategia, evitando toda confrontación con ISIS mientras no fuera necesario o mientras ISIS no les atacara directamente. Solo más recientemente han comenzado a combatir a estos yihadistas, por razones de relaciones públicas, para poder decir al mundo que están en guerra con el terrorismo islamista, pero no ha habido una confrontación real con ISIS hasta 2015. Quienes están llevando el peso de la guerra contra ISIS es el ELS y la oposición siria, así como, más recientemente, los kurdos.

¿Qué se necesita para derrotar a ISIS y su ideología reaccionaria? ¿Es Asad realmente un mal menor frente a ISIS?

Creo que no hay forma de derrotar a ISIS y a otros grupos yihadistas similares a menos que derribemos a Asad. Esto es cierto para toda la región y el tipo de relación orgánica que existe entre las dictaduras árabes y esos grupos yihadistas. En cierta forma, son complementarios. Se necesitan mutuamente y se alimentan también mutuamente. Esos grupos yihadistas o fundamentalistas no pueden ser derrotados mientras tengamos a unos dictadores árabes en el poder.

Como he dicho antes, los dictadores árabes han estado utilizando el islam político y el salafismo para consolidar su dominio y asegurar que esta amenaza potencial de los islamistas esté siempre presente y, así, enviar a las minorías, a la gente que se opone al salafismo y a Al Qaeda, el mensaje de que la única forma de impedir que esos grupos se adueñen del poder es apoyando a los dictadores árabes.

En mi opinión, el punto de entrada para derrotar a ISIS y Al Qaeda en la región es el derrocamiento de los dictadores árabes, pero también con la oposición a todo tipo de intervención extranjera, occidental o rusa, en la región, porque esos grupos yihadistas justifican sus guerras y sus luchas debido a las intervenciones extranjeras, mostrando que Occidente está combatiendo a los musulmanes, que existe una amenaza occidental, etcétera. Si no hubiera una intervención extranjera ni dictaduras árabes, no creo que esos grupos prosperaran. Necesitan el caos. Necesitan la marginación, la pobreza, una dictadura, una falta de espacios políticos, para desarrollarse. Sin eso, no tendrían tanto poder o influencia.

Combatientes del Ejército Libre Sirio.

¿Crees que los movimientos sociales locales, regionales e internacionales son necesarios para derrotar a estas fuerzas contrarrevolucionarias, desde el ISIS hasta los regímenes dictatoriales, y construir la democracia a la que aspiraban las movilizaciones árabes de 2011?

Evidentemente, necesitamos movimientos sociales progresistas, movimientos populares que comprendan la naturaleza de los levantamientos árabes y que sean capaces de comprender la anatomía de los regímenes árabes, la forma en que están establecidos y los tipos de alianzas que pueden producir, y desarrollar una estrategia para oponerse a ellos. Tienen que funcionar en varios frentes. Por un lado, tienen que producir un tipo horizontal de política que sea democrática, que tome en consideración los diferentes sectores de la población, que no margine a ningún grupo étnico ni religioso y, además, que se oponga a los intereses de EEUU y demás potencias en la región.

Has mencionado la intervención extranjera. Sabemos que el ejército sirio no ha sido capaz de reclutar tropas suficientes para luchar en su nombre, así que depende de la fuerza aérea rusa, las fuerzas armadas iraníes, Hizbolá y milicias chiíes de Irak y otras partes. ¿Hasta qué punto son vitales estas fuerzas para la supervivencia del régimen?

Hay dos razones principales por las que el régimen sirio depende de combatientes extranjeros. La primera, como ya dije anteriormente, es la búsqueda por parte del régimen de la internacionalización del conflicto para, así, incitar a la intervención extranjera. Al invitar a Hizbolá, las milicias chiítas iraquíes, Irán y Rusia para que tomen parte en el conflicto sirio, también está incitando a otros gobiernos y actores regionales para que intervengan. Y lo ha conseguido.

Además, el régimen sirio, sobre todo a partir de 2012 o 2013, necesitaba esas tropas y fuerzas extranjeras. El ejército sirio estaba extenuado y agotado y estaba luchando en diferentes frentes. Inicialmente, invitó a las milicias iraquíes y a Hizbolá, con el fin de que protegieran los lugares santos chiítas, pero esto fue solo un pretexto. Posteriormente, esas fuerzas jugaron un papel más importante, con Irán orquestando todo el montaje.

No está claro cuántos miembros de milicias están combatiendo en Siria, pero según diferentes estimaciones hay entre 20.000 y 30.000 combatientes iraquíes, afganos y miembros de Hizbolá. A estos hay que sumarles los efectivos de la guardia revolucionaria iraní y del ejército ruso, además de las tropas sirias, los cuales se han implicado mucho más directamente a partir de septiembre de 2015.

En los cinco últimos años, el régimen sirio ha estado a punto de caer en dos ocasiones. En 2013, cuando Hizbolá y los iraníes desempeñaron un papel importante, sobre todo en la batalla de Qusayr, momento a partir del cual Hizbolá participó más activamente en las batallas. La segunda ocasión fue cuando Asad dio un discurso muy derrotista en el verano de 2015 y los rusos decidieron implicarse mucho más e iniciaron una campaña de bombardeos aéreos.

Desde ese momento, el conflicto se ha vuelto extremadamente violento en Alepo y otras regiones. Así que esas fuerzas son esenciales. No solo aportan efectivos, sino también dinero, equipos y armas que Irán y Rusia están proporcionando al régimen sirio. Sin ese aporte, el régimen no creo que aguantara mucho tiempo.

¿Cuáles son los intereses de Rusia en Siria? Los partidarios de Asad en Occidente insisten en que la intervención rusa en Siria es legítima según la carta de la ONU, porque ha sido solicitada por el gobierno sirio.

El régimen sirio es ilegítimo. Es una dictadura. Es un estado terrorista, no en el sentido occidental, sino en el sentido de que ha estado aterrorizando a la población siria durante cinco años. Así que es un gobierno ilegítimo y, como tal, todas sus acciones son ilegítimas, incluyendo la invitación a rusos e iraníes, etcétera. Por tanto, ese argumento de algunas personas de la izquierda y otras no es muy convincente.

Los intereses de Rusia en la región y, especialmente, en Siria son múltiples. Tenemos que examinar cuestiones geopolíticas, económicas y políticas. En el terreno geopolítico, Rusia quiere tener una presencia en la región. Ya estaba presente antes del levantamiento sirio. Tenía una base naval en Tartús. Considera a Siria como de gran valor estratégico ya que le da acceso al Mediterráneo y a toda la región.

Además, Rusia utiliza a Siria como moneda de cambio para consolidar su posición en otras regiones, como Ucrania y los Balcanes, donde está luchando con Occidente y teme que algunos de los países balcánicos pueda unirse a la OTAN. Para ellos, Siria sirve a un propósito similar en regiones tales como Yemen e Irán.

Tenemos también el terreno político. La política exterior rusa, al menos desde que Putin tomó el poder, ha estado motivada por el antiatlantismo y se ha opuesto a la presencia de EEUU, no solo en la región sino también más allá. Siria se ha convertido en uno de esos lugares que Rusia cree que necesita disputárselo a Occidente. Además, está utilizando a Siria para oponerse a algunos grupos yihadistas, porque Moscú cree que existe una conspiración contra el estado ruso tras el colapso de la URSS y que hay diferentes grupos y fuerzas yihadistas que podrían crearle serios problemas, como una continuación de las revueltas árabes.

Moscú se opuso muy pronto a las revoluciones árabes y creyó que eran una conspiración de Occidente contra Rusia, y que eran una continuación de las revoluciones de terciopelo y demás. Así que se opuso a la revuelta siria por esta segunda razón. Por último, hay también razones económicas. No son tan importantes como las políticas y geopolíticas, pero ahí están. Rusia tenía intercambios comerciales con Siria por valor de 20.000 millones de dólares antes de 2009 y, evidentemente, quiere conservar esa relación en el futuro y expandirla. Creo que es importante examinar todas estas diferentes dimensiones.

¿Qué papel han jugado EEUU y las monarquías del Golfo en el envío de armas y dinero a ciertos grupos y cómo ha afectado eso a la coherencia del movimiento revolucionario contra la dictadura?

Estados Unidos ha tenido una postura muy ambigua ante la revuelta siria. Con Obama ha sido muy reacio a implicarse demasiado porque no quería comprometer más tropas y dinero en nuevas guerras en la región. Estaba más interesado en una presencia en Asia Oriental y otras regiones. Ha habido algunos conflictos o tensiones en el seno de su gobierno. Por ejemplo, el embajador Ford y Hillary Clinton han tenido posturas ligeramente diferentes.

Washington estaba interesado en frenar el impulso de las revueltas árabes y Siria era un buen lugar para intentarlo, presionando por su militarización y por una guerra de desgaste, debilitando el levantamiento árabe y enviando un mensaje a las poblaciones árabes en el sentido de que las revoluciones podían terminar en un baño de sangre. Creo que ese era parte del mensaje.

Por otro lado, EEUU no se opuso con energía a la participación de Irán y Hizbolá en Siria, pensando que eso debilitaría a esos dos importantes actores en la región y, de rebote, ayudaría a Israel. Las monarquías del Golfo han tenido razones similares para socavar la revuelta siria. Se ha presentado frecuentemente a los países del Golfo como aliados de la oposición y partidarios de la revolución, pero creo que eso es un grave error de interpretación.

Los regímenes del Golfo apoyaron muy pronto a Asad y lo siguieron haciendo al menos durante seis meses, hasta que pensaron que era una causa perdida. Luego apoyaron a los grupos más reaccionarios y conservadores de la oposición e intentaron influir financiando a esos grupos y socavando a las fuerzas más progresistas y laicas. Esto era importante, por razones geopolíticas, para Arabia Saudí y Catar.

También hubo una especie de confrontación entre Arabia Saudí y Catar. Este último apoyaba a los Hermanos Musulmanes en Siria, Egipto y Túnez, mientras que Arabia Saudí estaba más interesada en financiar y apoyar a grupos más salafistas y yihadistas. Siria les sirvió a los regímenes del Golfo para enviar un mensaje a sus respectivas poblaciones: una revolución podía desencadenar una guerra civil y ser muy violenta, con lo que se amenazaba a sus poblaciones con la posibilidad de que iniciar una revuelta podría terminar como Siria. Creo que es una combinación de estos diferentes factores lo que condujo a los países del Golfo a una intervención cada vez mayor en Siria.

¿Por qué no ha permitido EEUU que las fuerzas opositoras sirias adquirieran armas que necesitaban para defenderse del régimen y de los ataques aéreos rusos? ¿Cuál es la política de Washington hacia Siria? ¿Quiere realmente que caiga el régimen?

No está claro si en un primer momento Washington quería realmente la caída del régimen sirio o estaba simplemente llevando a cabo una campaña de relaciones públicas. EEUU respaldó a Mubarak desde el principio y se opuso al movimiento popular revolucionario en toda la región. De esta forma intentó mejorar su imagen en la región y enviar el mensaje de que apoyaba las revueltas, etcétera. Esa política cambió muy rápidamente cuando surgieron grupos islamistas y Washington pensó que Irán y Hizbolá podían resultar favorecidos. Descartó su anterior política y permitió una guerra de desgaste.

Desde el surgimiento de ISIS, EEUU cambió su política y, debido al efecto de desbordamiento, al temor a que ISIS cometiera ataques terroristas en Europa y Occidente, en general, Washington pensó que debía implicarse mucho más en el norte de Siria, donde ISIS estaba presente. Pero desde 2012 no ha presionado para poner fin al régimen sirio. Hay muchos ejemplos que demuestran eso.

Con Erdogan, Turquía ha jugado también un importante papel en Siria en los últimos cinco años. ¿Cuáles son los intereses de Turquía y cómo han influenciado en la situación siria? ¿Hay cambios en la política turca hacia la revolución siria?

Al igual que los países del Golfo, Erdogan apoyó al principio a Asad ya que temía ser contaminado. Pero posteriormente cambió de actitud. También al igual que Catar y Arabia Saudí, cambió su postura cuando creyó que los Hermanos Musulmanes podían jugar un papel y tal vez derrocar al régimen sirio. Esa ha sido la política de Turquía.

Además, desde muy temprano, Erdogan ha financiado, equipado y apoyado a varios grupos de oposición que luchan en los territorios kurdos, con el fin de evitar que los kurdos adquirieran protagonismo. Pero una vez que los Hermanos Musulmanes fueron marginados, cambió su política y ahora está tratando de formar una alianza con Rusia, ya que los rusos apoyan la política de Erdogan de limitar la influencia de los kurdos en Siria, y Putin ha permitido que Ankara envíe tropas a Siria y combata a los kurdos para impedir la emergencia de una entidad kurda.

Ese es, básicamente, el acuerdo tácito entre Putin y Erdogan. Este último está especialmente interesado en construir una zona de amortiguación entre Turquía y Siria e impedir la emergencia de una entidad kurda, y no tanto en apoyar las legítimas demandas de la oposición o el éxito de la revolución siria.

Me gustaría saber cuál ha sido la respuesta de la izquierda ante estos acontecimientos. ¿Qué postura crees que debería tener el movimiento contra la guerra en Occidente sobre los bombardeos rusos en Siria? ¿Y debería el movimiento contra la guerra dirigir demandas únicamente a sus gobiernos?

Evidentemente, la izquierda mundial, el movimiento contra la guerra en Occidente y otras partes debería oponerse a los bombardeos rusos en Siria. Es la postura más racional y de sentido común, y es desconcertante ver que algunos grupos de izquierda y partidos o sectores antimperialistas de la izquierda apoyan la guerra de agresión de Rusia en Siria, creyendo que esta es una guerra contra los yihadistas y contra ISIS, y que Rusia apoya a un gobierno antimperialista en Siria. Eso no puede estar más lejos de la verdad.

La izquierda no solo debe construir un frente contra la intervención de Occidente en Siria y en el mundo árabe, sino que tiene que comprender los nuevos desarrollos de la política mundial y el papel crecientemente agresivo y violento que Rusia está jugando, y debe construir estrategias y políticas y tácticas para oponerse a esa política rusa. Podría hacer eso de varias formas. Algunos han sido realmente muy creativos. Algunos movimientos de base en Occidente han sido muy creativos al promover formas de oposición a la intervención de su gobierno. En todo caso, deberían oponerse al bombardeo ruso de Siria.

Algunos en la izquierda argumentan que los antimperialistas no deberían tomar postura sobre Asad y que el pueblo estadounidense no tiene derecho a determinar quién está en el gobierno de Siria, que solo corresponde exclusivamente a los sirios. ¿Cuál es, en tu opinión, una postura genuinamente antimperialista?

Ese tipo de posición neutralista es, evidentemente, muy perjudicial y muy costosa, y solo fortalecerá al régimen sirio, permitiéndole actuar violentamente contra la población. Muchos grupos antimperialistas han interpretado erróneamente la situación de Siria y la naturaleza del régimen de Asad, y han argumentado que la izquierda no debería implicarse. Pero esa posición es una forma de apoyo tácito al régimen sirio, porque este ha invitado a varios gobiernos, como el ruso, el iraní y otros, Irak y, en cierta forma, Líbano a tener un papel más importante.

Están, básicamente, permitiendo que Asad utilice a fuerzas extranjeras para aplastar la revuelta. Esa no es una postura defendible, creo yo. La izquierda ha creído que la revuelta siria y la árabe, en general, es islamista, que está dirigida por yihadistas, y esa visión es fruto de la concepción orientalista que tienen importantes sectores de la izquierda, que creen que los árabes no son sujetos activos, que solo los grupos o partidos islamistas tienen iniciativa y que solo ellos están pesando en Siria y en el mundo árabe en general, y niegan cualquier papel activo a los sectores laicos y de izquierda sirios.

Interpretan la situación en Siria simplemente a través de lentes geopolíticas y argumentan que hay una guerra contra Siria, y desde su perspectiva Asad es una fuerza antimperialista. Creen que se trata de una guerra contra una fuerza o un país progresista. Pero, en mi opinión, están equivocados. Tenemos que entender el conflicto sirio desde un punto de vista popular, comprender el poder de los movimientos sociales en Siria y en todo el mundo árabe, y entender también la importancia de la micropolítica que está teniendo lugar en todo el país.

La gente está luchando todos los días y está creando instituciones y reimaginando la política, la ideología y la cultura, etcétera. Desde la perspectiva de esa izquierda antimperialista, eso no existe realmente. Es invisible. No lo ven porque no funciona en el marco con el que están familiarizados, que es un marco geopolítico, que utiliza el estado como la única unidad de análisis.

Creo que la izquierda, en general, se beneficiaría si modificara su comprensión de la política en la región y si no redujera toda la política a una geopolítica estatocéntrica, y si tratara de comprender la importancia de los microprocesos y los movimientos populares, así como su influencia y poder. Esos movimientos están funcionando en un nivel horizontal y, a menudo, son difíciles de percibir si no estás implicado o interesado en la región, como no sea para tomar una “postura antimperialista”.

Además, la izquierda debe renunciar a su lectura islamófoba y arabófoba de la región y dejar de utilizar la política occidental como único punto de entrada para comprender la política en la región, porque, evidentemente, la gente está empleando diferentes herramientas políticas y culturales para actuar. No utilizan el mismo tipo de lenguaje. La naturaleza de las revueltas árabes y su novedad están impidiendo que una parte de esa izquierda comprenda lo que está pasando.

La llamada izquierda antimperialista está reduciendo todo a conspiración, guerra yihadista e intervención extranjera imperialista. Eso es muy peligroso a corto y largo plazo. Creo que la revolución árabe y la revuelta siria, en concreto, no solo derrocará al régimen de Asad, sino también a esa ideología vieja y arcaica de la izquierda que no es capaz de reconocer la lucha de los sirios y entender su sufrimiento y dolor y sus políticas de dignidad.

Un tema que ha sido muy polémico es la cuestión de una zona de exclusión aérea. ¿Cómo debería entender la izquierda las propuestas de una zona de exclusión aérea en Siria? ¿Son simplemente llamamientos a la intervención imperial?

Creo que la izquierda debería oponerse a una zona de exclusión aérea. Existe una larga historia de zonas de exclusión aérea y de la destrucción que ocasionan, el sufrimiento, el dolor y la muerte de civiles e inocentes. No creo que exista un solo ejemplo de zona de exclusión aérea que haya sido positivo. Este debe ser el punto de partida para tener una posición sobre una zona de exclusión aérea.

Por otra parte, entiendo que muchos sirios que están siendo bombardeados por Rusia y el régimen de Asad estén pidiendo una zona de exclusión aérea. Es importante no demonizar a esas personas, que están muriendo bajo las bombas, y entender sus demandas. Por ejemplo, una de las cosas que debería hacer la izquierda es presionar a EEUU y a Occidente en general, y creo que hay algunas tensiones en esta cuestión.

Washington no quiere que la oposición siria adquiera misiles antiaéreos o MANPADS, mientras que algunos gobiernos occidentales y del Golfo querrían enviar esas armas. Pero la oposición está formulando estas demandas de zonas de exclusión aéreas porque el embargo de EEUU está impidiendo que esas armas entren en Siria. Si la oposición tuviera realmente ese tipo de armas, las zonas de exclusión aéreas no serían necesarias porque la gente podría defenderse y contraatacar si los aviones sirios o rusos bombardearan sus pueblos y ciudades. Esta es mi postura y creo que debería ser la postura de la izquierda.

Por último, ¿qué crees que puede hacer la gente en EEUU, la gente que quiere solidarizarse con los sirios?

Creo que deberían empezar por informarse y comprender la complejidad de la revolución siria, reconociendo las legítimas demandas del pueblo sirio, comprendiendo la larga historia de dictaduras en Siria, formando alianzas y redes con sirios que están en el terreno pero también en la diáspora.

Los emigrantes y los refugiados sirios en general tienen que jugar un destacado papel en la construcción de esos movimientos en EEUU, en Europa y en otros lugares. Se trata de construir una coalición global de movimientos de base para presionar al régimen sirio, a Rusia y a otros actores para que pongan fin a la guerra y aparten al dictador sirio del poder.

Eso tiene que hacerse de muchas formas diferentes. Los movimientos de base han sido muy creativos y poderosos en el pasado, y hay muchos ejemplos de ello: el movimiento contra la guerra de Vietnam, el movimiento contra el apartheid sudafricano, la lucha más reciente del pueblo palestino y la campaña de boicot, desinversiones y sanciones (BDS), de la que deberíamos aprender.

Creo que el punto de partida es tener una conversación abierta y sincera con los activistas sirios que, debido a la guerra y a la revolución, están en el exilio y están presentes en casi todas las sociedades de la Tierra. Muchos de ellos participaron en diverso grado en los movimientos populares en Siria. La izquierda europea y estadounidense podría beneficiarse y aprender de esos sirios, mientras elaboran estrategias para crear una coalición que una al movimiento contra la guerra en EEUU con Black Lives Matter, el movimiento de mujeres y de LGTB, así como el movimiento BDS.

Tenemos que pensar en Siria y en el mundo árabe a largo plazo. Lamentablemente, va a ser una lucha larga. La contrarrevolución está ganando en estos momentos y la revolución está asediada, como muchas ciudades y pueblos de Siria. Así que la cuestión es cómo podemos romper el asedio y cómo conseguimos que se oigan las voces de los sirios que están en el terreno. ¿Cómo traducimos las luchas de los sirios para que las entiendan las audiencias occidentales, que no hablan necesariamente el mismo lenguaje? No me refiero a que no hablen árabe, sino al lenguaje político y cultural y a la forma en que la gente está luchando y resistiendo.

No están familiarizados con esas estrategias y, debido a la novedad de la revuelta árabe y a la especificidad de las dictaduras árabes y siria, la gente en Siria ha creado nuevas estrategias y tácticas que no son necesariamente conocidas en Occidente. Eso hace que sea más difícil la solidaridad entre los movimientos de base de Occidente y el pueblo sirio. En mi opinión, deberíamos tratar de construir una esfera pública en la que se escuche la voz de los sirios y sus explicaciones del conflicto y la revolución para las audiencias de Occidente.

Los movimientos de base de Occidente deberían ser más humildes a la hora de comprender y apoyar al pueblo sirio. No va a ser fácil, tenemos que pensar a largo plazo. Tenemos que comprender la naturaleza de los movimientos contrarrevolucionarios y evitar las explicaciones fáciles mediante teorías de la conspiración o “antimperialistas”, cuyas herramientas de análisis ya no funcionan.

El punto de partida para construir una coalición no es pedir una serie de demandas a la oposición y al pueblo sirio que están luchando en la región, sino comprender la dificultad de luchar en Siria y en el mundo árabe en general. No hay que denigrar a los sirios porque son demasiado islamistas o demasiado religiosos, o porque no son lo bastante laicos o feministas, etc., sino comprender cómo se desarrolla el feminismo en esa región, sin usar los clichés orientalistas. Hay que comprender que el islam puede ser emancipador y que la gente religiosa tiene también derecho a una política de dignidad.

Este es un programa ambicioso y será difícil construir un movimiento, pero podemos ver algo de eso emergiendo en Occidente y en EEUU. Por ejemplo, cada vez hay más fragmentación en el movimiento contra la guerra. Parte de este movimiento se opone a la intervención extranjera mientras ignora por completo la violencia de la intervención rusa en Siria o la violencia del régimen de Asad. Hay que oponerse a ese tipo de política obsoleta y esta es la razón por la que creo que debería surgir un nuevo movimiento contra la guerra.

Así mismo, los sirios que están en la diáspora tienen que comprender la lucha de Black Lives Matter, por ejemplo, y apoyarla, entender que la lucha contra el estado policial en EEUU es una continuación de su lucha, y que la lucha de los inmigrantes en Francia contra los partidos xenófobos es también una continuación de su lucha en Francia, y en Reino Unido, y en Alemania, etcétera. Básicamente, la cuestión es cómo desarrollar ese tipo de movimiento, cómo establecer esas relaciones y comprender las prioridades de las distintas luchas para construir un movimiento horizontal de múltiples capas que aborde todas estas cuestiones.

Eso es necesario en el contexto de la crisis económica, de la emergencia de partidos xenófobos en Occidente y también de los grupos yihadistas no solo en Siria, sino en toda la región. Hay que oponerse a los viejos discursos sobre el choque de civilizaciones y de la guerra de Occidente contra los fundamentalistas islamistas, etcétera. Y, al contrario, debemos encontrar los puntos en común entre Occidente, Siria y el mundo árabe, y establecer relaciones entre el movimiento obrero y el movimiento contra la guerra y el movimiento antirracista, etcétera.

Yusef Jalil es un activista socialista de Nueva York. Yaser Munif es un experto sirio que ha estudiado los movimientos populares en Siria.

Fuente: Syria and the Left, Jacobin, 9/01/2017

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

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